viernes, 13 de junio de 2008

Hola Lalo
A Esteban Loo Linch, no lo recuerdo, quizás sea su segundo o principal nombre y que no usó. Recuerdo a sus otros hermanos por pertenecer a mi generación, los Caro Linch. Los mayores eran eso y solo recuerdo a otros con nombres diferentes. Incluso una de ella vive cerca a mi actual domicilio.
Lo cierto es que las cosas que dice Esteban, en su "Poema a Hualcará", son ciertas y me han llevado por sus calles, las que nunca más volveré ha ver. Lo que no volverá ha ver Esteban, es el portón de su antigua casa, pues Augusto Mazzoni que vivió, luego que ellos se mudaron, no llegó a verla desaparecer. El terremoto la sepultó y hoy no está más. Augusto como Eresvita su esposa, fallecieron mucho antes de ello.
Sobre el redoble de campanas que antiguamente hacia sonar don Celso, no solo anunciaba misas, jornadas de trabajo y la hora; también, anunciaba desgracias y muerte.
Lamentablemente, la enorme campana que data de tiempos inmemorables, fue robada por no se sabe quien. Cosa rara, pues era de gran tamaño y peso. Algunos viejos hualcarinos dicen que en su aleación se incluyeron algunos metales preciosos, de allí su sonido singular. ¿Acaso no recordamos los hualcarinos, lo difícil que era hacerla sonar?
Comentario al poema:
Esteban, tu sentido poema hace una descripción de lo que fue la Hacienda Hualcará y ellos nos hace soñar. Lo mismo creo que sentimos todos los que nacimos en esa alegre y esperanzadora tierra.
Jorge Luyo Yaya jtluyoy@yahoo.es



Hola tío, mira este poema de Esteban Loo Lynch en su poemario "Una Primavera en Cañete" (1997).

POEMA A HUALCARÁ

Hualcará, hoy que no caminas conmigo,
desnudas de cada sueño trozos de mi vida,
y al despertar por donde iba
contigo quisiera tocar muchas puertas,
preguntar no sé quién, ni sé
por donde.

En el asalto del mañana
que pulsa mi fatiga
me llevas al rincón
donde pasamos juntos
una noche del ayer hecho de ausencia
para dar paso atrás mis pensamientos.

Así viven mis días y mis noches
de nostalgias,
mordiendo las palabras que he dejado,
de eso, de aquello que tú sembraste,
en esos momentos que nunca acaban
de morirse.

Por eso, cuando cierro los ojos,
atado a mi aflicción me siento
como un niño.
El tiempo parece detenerse
para pedirte hablar a solas,
de mis pasos, de mis días grices,
de aquellos momentos fugaces de dicha.

Ahí quiero susurrar toda mi infancia
donde se cuela mi ilusión
que aviva mi retina,
como chispas en mil pedazos.
Todavía existe el portón de la casa
donde vivía
que el tiempo y el uso ha tornado ojosa,
habla del camino que he dejado,
de los días que me guiaban a la Escuela
salón de dos entradas sin salida.

Ya no oigo que doblan tus campanas,
rasgar la imagen de la aurora
dando la hora, llamando a la jornada,
ver desfilar hombres y mujeres
lampa al hombro, pasos vivos
envueltos en la bruma del sereno,
prestos a romper el hondo de la tierra.

No sé, si desde entonces
asedian mis primeras fantasías,
que a golpe de inocencia
conturrie ilusiones, grabé correrías.
A tu lado navegué buscando aventuras,
sabía sonreír,
bello momento cuando se ha gozado
de ella.

Hualcará, alimentaste mis fuerzas,
pusiste luz en mi mirada.
Sé que enriqueciste mi vida,
y yo, en un grito guardado del mañana
que quedo prendido de tus raíces
como semilla en mies de fango.
Qué hualcarino no ha aprendido
a nadar en María Angola
Qué hualcarino no ha gozado,
los días con sus noches,
cada vez, cada instante,
los momentos felices del festejo,
a Santa Rosa de Lima tu Patrona.

Contigo, plasmadas nuestra vidas,
compartí con calma apasionada
semblanzas de gente generosa,
que hoy, buscando sus rostros
ya perdidos,
generan sin pausa mi memoria.
A que encuentro voy entonces,
si los días de un suspiro
han borrado lo vivido,
como sombras que se esconden
amarradas sin retorno.
Ahora, toda vez que paso por tu
portada
desvistes el ayer, que yo dejé lozano.

A veces pienso
que estás oliendo a rastrojo de follaje
que hará perderte en oscura huella
de tristeza.

Sabes a sabor de labios mudos,
a esperanzas de ansias esfumadas,
hasta que un día,
encalle lo viviente,
bajo el viento donde acaban
los destinos.

Esteban Loo Lynch

1 comentario:

rodandonoticias_peru dijo...

Hola Esteban
Me gustaría tomar contacto contigo, soy hualcarino como tu, pero no te ubico entre tus hermanos los Loo y los Caro. He preguntado a algunos hualcarinos pero estamos en las mismas. Es posible que estes utilizando un segundo o primer nombre que no conocemos. De todas maneras, que duda cabe, eres un hualcarino que quiere mucho a nuestra tierra y te inspiras en ella. Muchos saludos y me gusta tu estilo en el poema a Hualcara.
Jorge Luyo Yaya